5 meses después de que Justin y yo empezamos a salir, llegó el día de San Valentín, hoy conocido como el día de los enamorados. Y junto a su llegada, llegó el momento de tener una conversación que podría llegar a ser incómoda o decepcionante para Justin. Con algo de nervios y dudas le comenté sobre mi deseo de ignorar las festividades del día de los enamorados que varios días antes del 14 ya comenzaba a cubrir el campus de la universidad con corazones de papel y tarjetas cursi de hallmark. Yo sabía que Justin no era un romántico incurable, pero también sabía que el 14 de febrero logra convertir a las personas más enamoradizas en gente odiosa, así como también logra derretir los corazones de las personas más frías convirtiéndolas en una pila de romance y chamuyeo interminable. Por suerte, una vez que lo hablamos me di cuenta que no sólo había encontrado a alguien que respetaba mi deseo, sino que además estaba completamente de acuerdo. Ambos acordamos en que ninguno de los dos entendía el propósito del día y que cada día que pasábamos juntos ya era una celebración de una gran amistad y conexión.
Cuando el 14 de febrero Justin se apareció en la puerta de mi residencia, me alegré al verlo, pero me puse algo nerviosa al ver que traía algo escondido. Mientras me preparaba para recordarle que habíamos dicho que nada de regalos, ni gestos románticos, él se adelantó y me dijo que simplemente me había escrito una carta, no por el día de San Valentín sino por nuestro aniversario de 5 meses. Me dio la carta y me dejó volver a mis estudios; pero después de leer esa carta, ya no volví a abrir los libros esa noche.
En su carta, me habló de la forma en que siempre se había preguntado cómo sería ser tener a alguien especial en el Día de San Valentín y que hasta hoy no lograba entender porque era un día de tanto alarde. Para tratar de entender mejor, se había puesto a leer sobre los orígenes del día y sorprendentemente, el día de San Valentín, originalmente no tiene nada que ver con una celebración romántica. Me dijo que estaba feliz de que estuviésemos de acuerdo sobre no celebrar ese día como lo hacían los demás y que se había dado cuenta de que lo que había visto en años anteriores en otras parejas el día de los enamorados, él lo vivía junto a mi todos los días. Creo que esa carta fue una de las más tiernas que había recibido hasta entonces. Tenía la cantidad justa de palabras dulces sin hacerme sentirme empachada por una ola de palabras cursis. Bueno, se me hizo un poco larga la intro pero lo que quería hacer hoy es compartir con ustedes lo que aprendí aquel día sobre el Día de San Valentín, y lo que hoy pienso sobre esta “festividad”.
Hay muchas leyendas e historias, pero todos ellas comienzan con la misma premisa. San Valentín fue un mártir cristiano encarcelado por casar bajo religión cristiana a soldados (a quienes en aquel entonces no se les permitía casarse, ya que se creía que los soldados solteros luchaban mejor en la guerra) y a los cristianos que estaban siendo perseguidos por el Imperio Romano, un imperio pagano en aquel tiempo. La celebración religiosa del día de San Valentín no tenía connotaciones románticas. De hecho, el día no se convirtió en un día de "amor" hasta que Chaucer menciona a San Valentín en su poema "Parlamento de Foules" durante el siglo 14. El poema fue escrito en honor al primer aniversario del compromiso del rey Ricardo II (Inglaterra) y Ana de Bohemia, y la línea en el poema que comenzó todo esto fue: Pues esto fue el día de San Valentín, cuando las aves escogen a su pareja. Lo simpático es que en febrero hace mucho frío en Inglaterra, así que no es época para que las aves se apareen. Probablemente se estaba refiriendo al 3 de mayo, que es el día de San Valentín de Génova, una celebración litúrgica en honor al obispo genovés. Tenía que ser un francés el que logró convertir una celebración religiosa en otra romántica y cursi.
Mi problema con el Día de San Valentín es que me parece excesivamente comercializado y muchas veces un día al que le falta sinceridad y genuinidad. No me malinterpreten, no odio el día de San Valentín, creo que es genial que la gente se tome el tiempo para celebrar el amor, sólo que creo que la mayoría de las veces, no es tan genuino como podría ser. Entiendo que a medida que crecemos la vida se va complicando y un montón de parejas, especialmente aquellas que tienen trabajos o niños chicos que consumen mucho tiempo, ya no tienen o pueden tener la misma devoción y dedicación que tuvieron en otro momento. Creo que es genial que estas parejas se detengan un momento y puedan tomarse el día para reavivar su amor, y recordar por qué decidieron estar juntos. Mi problema con la forma actual de celebrar el amor es que parece que al acercarse el 14 de febrero, la gente se olvida que el amor es una emoción, no una cosa, y las emociones no se pueden medir en una unidad cuantificable, y menos con una unidad como el dinero. Podemos comprarle a nuestra pareja joyas caras, coches de lujo, cientos de regalos y tarjetas con frases de amor. Podemos salir a cenar a restaurantes elegantes, pagar una fortuna por un paseo en globo aerostático o asientos de primera fila para un concierto o partido de la NBA, pero estos regalos no son una forma de medir nuestro amor. Me imagino que en ese momento se siente como amor, la emoción de hacer algo que si no fuese por ese día no se nos ocurriría hacerlo gastando tanta plata. Pero, también supongo que a medida que pasan los días y la gente va volviendo a sus rutinas el entusiasmo se desvanece y las cosas vuelvan a su normalidad. Creo que tal vez, es mejor invertir unos minutos cada día para volver a conectarse y recordar nuestro amor, que tratar de revivirlo en 24 horas o menos, una vez al año.
Justin y yo tenemos mucha suerte. Nuestros horarios nos permiten pasar un montón de tiempo juntos y por eso siempre voy a estar agradecida. Tal vez el día de San Valentín hagamos algo para celebrar con los demás, pero no debe reemplazar el día a día. Como me dijo exactamente hace 7 años aquel 14 de febrero del 2008: Podría comprarte el mundo entero y llevarte a lugares que jamás planeabas conocer, pero prefiero dártelo [la felicidad], a través de mi presencia.
"El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;
no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;
no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nunca deja de ser..."
1 Corintios 13: 4-8
